Trastorno Bi polar

La terminología conflictiva en que ahondan los manuales y los tratados, generan considerablemente dificultades a la hora de explicarles a los pacientes, de que se tratan todas esas sensaciones desconocidas en su cuerpo y en su mente.

Este es el caso del TBP Trastorno bipolar, el cual etimológicamente parecería fácil reconocer que nos dirige hacia dos polos.

El polo según la real academia española de letras es http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=polo, pero no por tener tantas adecuaciones terminológicas deja de remitirnos, no nos hagamos los sotas, a nuestros queridos si bien casi olvidados polo sur y polo norte, el frío y el calor… ¡no!, también el frío, por lo tanto podríamos decir que es un loco que se cruza todo el globo terráqueo para seguir teniendo frío. Pero sabemos a los que nos interesa este tema que no es así y que sí viraría hacia una zona de calor metafórica.

Muchos profesores verían, verán o vivirán con gran ofensa o como calumnia lo que voy a escribir aquí. Pero quizás a los afortunados de padecer las sensaciones “polarizantes”  les interese.

Las bases fisiológicas del estado de ánimo en que transcurrimos son siempre las mismas en cada uno de nosotros, por ende nos diferenciamos del otro desde las bases, desde el comienzo. Y no sólo por ello, sino también por las diferencias en el ambiente en que crecemos. Haciendo honores al ambiente se encuentran nuestros padres, hermanos, tíos, primos, abuelos, amigos, vecinos, transeúntes, vendedores, etc. economía familiar, el país, el barrio, escuela o no, religión; llamémosle “cultura”. Es así que un análisis simple dista de nuestro verdadero pool  anímico. Entonces: ¿Qué es lo que analizamos los médicos especializados cuando nos sentamos, en general, frente a una persona con dicho diagnóstico? ¿Existe en el acerbo de criterios algo tan estrecho como para poder diferenciar tantas variables como personas tiene el mundo? La respuesta rotunda es no. Pero entonces qué evaluamos los psiquiatras frente a estas personas.

Bien. En primer lugar, los vestimos de paciente. En segundo lugar prometemos implícitamente algún conocimiento que el paciente no provee. Le pedimos información sobre sus sentimientos, afectos, vida, todo para lo que nos formamos, e intentamos incluirlo dentro de un “diagnóstico”.

¡Fenómeno! Esto es muy correcto y se debe hacer. Nos sirve para saber qué medicamos. Pero ¿Qué sucede cuando lo hacemos tan bien, y la medicación más la propensión fisiológica del paciente coinciden muy amablemente y  el paciente se estabiliza anímicamente? ¿De qué nos disfrazamos?, les decimos ¿No era lo que ud. quería? o simplemente les dejamos continuar su vida de esta extraña manera. Probablemente esta última sea la opción elegida por los clínicos.  ¿Qué sucede con la persona que cierra la puerta y nos deja satisfechos con el sabor a victoria frente a la enfermedad?

Aquí surge el interrogante principal que quiero plantear. ¿Cuando la estabilidad fue siempre ser inestable y el que debo ser lo es ahora, quién fui durante toda mi vida?

Transformar la vida, intentar mejorar la existencia, es lo que hacemos los médicos, pero parece que ni la buena acción deja de tener “efectos colaterales”.

He intentado dilucidar varias respuestas ante aquella pregunta. Pero en principio me surge una reflexión a tal efecto. Y quiero hablar de la importancia del afecto en nuestro estar, como personas. Y hablo del afecto en todas sus dimensiones, variables y niveles. El afectuoso, el afectazo, el afectito y el desafectado[i].

Háganse la pregunta a sí mismos de quienes son. Hágansela ahora para continuar el pensamiento conmigo. ¿Quién soy?,  ¿Qué hago de mi vida? ¿Qué quiero para mi vida?

Sus respuestas por más disparatadas o diferentes que hayan sido, llevan consigo un afecto característico. Afecto como expresión del contenido de lo pensado.

Comprendo que el afecto es el eje del circuito vital y por ende todos nuestros actos y decisiones estarán tonificadas por él. Por lo tanto, cuando nuestro afecto se encuentre fuera de los límites tolerados por nosotros o la sociedad nuestra vida pasa a ser de otro, siempre y cuando no pueda ser modificado por la voluntad. Es decir que los actos que se pensaron, actuaron, y generaron modificaciones tanto en nosotros como en los otros, sí les ha sucedido a una persona, pero no la que sería si esos afectos se encontraran dentro de los parámetros tolerados. A estar allí es donde, ocasionalmente los médicos y las farmacéuticas, llevamos a las personas.

Cabe aclarar, que el esfuerzo voluntario y según otras teorías la responsabilidad inconsciente tendrían que ver en los controles del afecto. Por lo tanto la medida de los límites es variable.

Recomiendo, escuchar a varias personas cuyos parámetros anímicos impresionan más estables que el de uno mismo para poder realizar una autovaloración de esos límites, y si es posible que la mayoría de esas personas se encuentren por fuera del grupo familiar propio.

Qué hacer entonces. Corresponde creo a la comunidad médica especializada, acompañar la continuidad de esa vida nueva pocas veces, o nunca vivida. Los primeros cómplices de ese cambio vital seremos nosotros.

Probablemente, el objetivo de “estabilizar” sea reiterado en varios estilos de distorsiones. Pero en el TBP lo vivimos, o mejor dicho lo observamos y escuchamos, de una forma casi abrupta, cuando la cosa funciona. La lentitud de otros tipos de estabilizantes u otros tipos de distorsión a estabilizar genera reacciones más paulatinas, que ocasionarán el surgimiento de otras tantas preguntas.

Gracias.

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com

[i] Términos incorrectos en la jerga profesional.

Acerca de Dr. Nicolás Salgado

Médico Especialista en Psiquiatría
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