Qué entiendo por adicción.

Ayer se ha conmemorado el día internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas.

Tras haber atendido múltiples personas que por su propia cuenta se han denominado adictas a algo, me he preguntado en múltiples oportunidades por qué alguien sería adicto a algo…

La adicción, vista como una dependencia psicofisiopatológica fuera de los límites comprendidos por la mayoría y tornada en necesidad para el subsistir de una persona, se ha vuelto más evidente, contundente y recurrente en el accionar de las sociedades, sin tener que recurrir objetivamente al reporte de una revista especializada que no sea la calle o el consultorio para corroborarlo a grandes rasgos. Su definición (Farré Martí. J) “Tendencia imperiosa de la persona que pierde su capacidad de dominio en relación con el consumo de drogas, con el uso de objetos, o la repetición de actividades hasta el punto de dañarse a sí misma o a la sociedad”.

A pesar de ello aquí dejo algunos datos otorgados por el Ministerio de Salud de la Nación y el link del trabajo completo sobre el tema al cual sugiero acercarse.

Unos 600.000 argentinos, el 2,9 por ciento de la población de entre 16 y 65 años, consumen drogas ilegales; la marihuana y la cocaína son las sustancias que más se utilizan, prácticamente la mitad de los que las consumen comenzó a hacerlo entre los 12 y los 15 años.

Sólo en Argentina, 39.000 personas mueren todos los años por el tabaco.

Según datos de un estudio en hogares, en el conurbano bonaerense abusan del alcohol el 23% de los menores de 15 a 17 años, mientras que el 44% hace un uso social del mismo. Esto significa que el 67% de ellos consume alcohol.

Casi un 10% de jóvenes encuestados por el Sedronar en el 2001 consumió alguna vez psicofármacos sin receta médica —3,5% estimulantes y el 6,2% tranquilizantes— (Encuesta Nacional realizada a adolescentes de 12 a 15 años, Argentina) http://www.sedronar.gov.ar.

Solamente el 25 por ciento de los que consumen drogas en el mundo logra recuperarse, y ese porcentaje disminuye aún más si se tienen en cuenta las recaídas.

La prevención basada en la mera presentación de información, transmitida por un “experto” en el tema —que habla de las consecuencias que producen las sustancias, los daños físicos, psíquicos y legales— ha probado ser poco efectiva. Hace falta desarrollar un modelo de prevención integral que apunte a reparar las causas que predisponen y facilitan el consumo de sustancias psicoactivas, teniendo en cuenta la totalidad de los factores intervinientes y, por lo tanto, condicionantes —socio-culturales, familiares e individuales.

http://publicaciones.ops.org.ar/publicaciones/cdsMCS/05/Porfolio/12%20Adicciones.pdf

¿Pero por qué ha evolucionado su protagonismo entre los intelectos de nuestros pueblos?

Y voy a dirigirme directamente al consumidor final, sin IVA, ni ingresos brutos. Porque al fin y al cabo el consumidor es el final de la cadena y por ahí podría empezar a cortar.

Creo yo que el consumo desenfrenado, o el consumo en sí, es una acción desproporcionada con un objetivo irreconocible previamente por el consumidor. Existe un acto inconsciente (lo digo de una manera no tan formal para los psicoanalistas), que nos permite entrar a zonas de difícil acceso para la conciencia.

La droga o sustituto, accede donde nuestro dolor es mucho más profundo, y hablo tanto del dolor afectivo, como físico. Los dolores que se sienten actualmente fueron acrecentando su complejidad. No duele solamente la pérdida de un amor, que por cierto sigue doliendo. Sino que además ha comenzado a doler mucho el sentir la indiferencia por sobre todas las cosas, la denigración, el recelo, la disquisición, los golpes, el azar inclusive. Además creo, hay una ausencia de padre simbólico, que potencia la búsqueda de alicientes para el dolor. (Pido disculpas a los psicoanalistas que se vean afectados por esta disquisición que he hecho).

Quiero decirle a los más grandes que estén leyendo, que ya sabemos que siempre existió esto, pero no podemos negar que la cuestión se ha complejizado y tiene presencia en la cotidianeidad de mayor porcentaje de personas.

Aclaremos que no todo aquel que prueba o tiene un consumo esporádico, tiene los efectos irreversibles de una droga, como sí lo tienen en general aquellos que lo han hecho cotidianamente por largo período de tiempo. Y en esto es importante aclarar que la adicción no pasa pura y exclusivamente por la droga en sí misma, sino que existe primero el “acto adictivo” y después el “potenciador”. Los potenciadores pueden ser varios. Y allí entramos en el terreno de los posibles. Es una balanza en la cual, podría entrar algo que para algunos es tan sano, como “el trabajo”, hasta lo que para otros es tan potente como la “cocaína”. Quiero explicar un poco de qué se trata esta balanza de la que hablo.

Yo creo, que existen personalidades o estados psicofísicos pasibles de adoptar una adicción. Y después se encuentran los generadores adictivos, que pueden ser más o menor fuertes, por así decirlo. Y allí entramos en múltiples combinaciones.

Esta balanza tiene un solo recipiente, es una balanza de peso común. Cuanto más sumen entre las dos, más se acercarán al peso que llamamos adicción.

Las personalidades o estados, aclaro no son de por sí genéticos. No vale reposar en la excusa de que soy alguien marcado genéticamente para ser adicto. No alcanza, y ningún médico justificaría actos adictivos en ello. Son adquiridos. Y tampoco se entienda que por ser adquiridos son congénitos. El hecho de ser adquiridos implica una secuencia compleja de situaciones vivenciales que tienden a la intención de resolver conflictos psíquicos de esa manera. Y una vez que se remarca el circuito, inclusive neurológico, de recompensa es que se asienta la adicción. Es por eso que es tan difícil de cortar. Es un circuito que cuando se corta, hace cortocircuito, valga la redundancia.

Por ahora no existe recuperación que nos permita desmarcar ese circuito paulatinamente. Entonces, la severidad de la adicción, por lo tanto de la marcación del circuito, como del contexto sociocultural, debe de sufrir el corte; generándose lo que los médicos llamamos “abstinencia”.

Muchas drogas de comercialización permitida e indicadas por los médicos inciden en el circuito de recompensa y por lo tanto tienen un potencial adictivo. Aquellas que no inciden directamente, también encuentran su potencial como cosa factible de ser tomada para depender. Así también muchas cosas que han sido creadas para satisfacer ámbitos de la vida cotidiana del ser, por ejemplo: alimentos, entretenimientos, sexo, etc.

El alcohol, es una bebida potencialmente adictiva, como  otras, debido a la satisfacción que genera su ingesta y al amplio marketing instaurado alrededor de ella, que le otorga un gran plus. El tabaco, otra gran droga permitida; hoy al menos aquí en Argentina tiene una tendencia a la baja en adictibilidad, no por ser ella en sí menos adictiva sino porque el marketing instaurado en su contra y la publicidad de los males que acarrea su consumo crónico que fueron cambiando su estatus sociocultural.

Para los que no conocen a la morfina, pero quizás han escuchado hablar o fueron drogados por ella; es una droga de la familia de los “opiáceos”, palabra que trae incorporada a la original gran “opio”. O se creen que decir “esto es un opio” como sinónimo de aburrido o fastidioso, no rememora los efectos de esa droga.

El opio, droga antigua si las hay, fue tanto el sostén como el aniquilamiento de oriente debido a su amplio consumo. Ha incluido guerras y discusiones por su legalización, como hoy aquí en la Argentina las tenemos con la marihuana (THC, tetrahidrocanabinol).

El consumo dentro del sistema capitalista, implica muchas veces una satisfacción. Más allá de haberse instaurado como necesidad para la subsistencia en sociedad, ya que no todos plantamos tomates para comerlos, aquellos productos que exceden las necesidades básicas nos otorgan satisfacciones extras.

Si esos actos consumistas fluyeran entre distintas circunstancias satisfactorias no sería gran problema, el tema es que a veces se enquistan en un acto repetitivo que no nos permite fluir por los caminos de las distintas satisfacciones que se nos ofrecen, estancándonos también en la vida.

Satisfacernos, o enriquecer nuestras opciones de satisfacción no es ser adictos.

Vale la pena aclarar esto; con muchas personas debería entrar en una discusión filosófica, psicológica, económica y política que en estos momentos excede el escrito y que es posible se toquen en otro momento.

Agradezco lo esmeros por comprender las opiniones de pensamiento, siendo estos temas de complejidad delicada.

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com

Acerca de Dr. Nicolás Salgado

Médico Especialista en Psiquiatría
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