Malvinas, guerra entre nosotros.

Hace un tiempo, vi un programa de televisión sobre Malvinas. Y más allá del oportunismo del aniversario, me di cuenta de que todavía existen cuestiones que creía tener entendidas.

Yo siempre me sentí identificado con la causa Malvinas. Tenía un año cuando sucedió, y eso por lo menos me hace contemporáneo a nuestra guerra del siglo XX. Guerra con todas las letras; cruel, sangrienta, dolorosa, absurda.

Con los años comprendí, que tenía que hacer mi duelo con las islas. En quinto año del secundario un profesor nos dio la opción de hacer una monografía con el tema que queramos, y yo elegí Malvinas. Le puse esmero, tardé un año entre investigar y procesar la información. Pero sentí algo con mi resultado, y si bien estaba contento por el reconocimiento en la nota, me sentí frustrado con la respuesta del público. A mis amigos, a mi familia, no les interesaba Malvinas.

Años después, salió la película “Iluminados por el fuego”. Yo era un joven estudiante de medicina de 23 años. Allí continuó mi propio duelo. La fui a ver al cine solo, por la tarde y me senté bastante más adelante de lo que acostumbraba. Hoy me pregunto si quería estar cerca de la salida. Lloré. Me sentí muy reflejado. Supe que los poemas que estaba escribiendo en ese momento, no los hubiese escrito nunca, y mi pérdida, mi muerte, hubiese sido casi segura, obvia y grande. Porque lo que hacía lo creía importante para los demás. Yo servía al resto de la gente. Médico y poeta, dos palabras que no se pueden ser, sino para el otro.

Hace dos días, me di cuenta que los que estuvieron allí deben y debieron justificar de modo alienante sus actos de guerra, aún cuando en su interior no estuviesen de acuerdo con lo que hicieron.

Tener que negar un acto alienante como la guerra y el asesinato de guerra, es quizás lo que terminó derrotando al fin y al cabo a nuestros soldados. 500 murieron por suicidio en estos treinta años. Ellos quisieron ser sinceros con ellos mismos. Pero no los acompañamos en su dolor.

Me pregunto si se debe justificar actos de violencia y aplaudir el hecho de haber asesinado a un teniente inglés como sucedió en un programa de tv, para no hacerlos sentir tan frustrados como me sentí yo al terminar mi monografía, pero esta vez en serio.

Hoy necesitan el apoyo de quienes tan frágiles como nosotros, podrían haber sido expuestos a la nada misma, por nada.

Amplio el pensamiento a todos los que viven en suelo argentino. Hoy hay tiempo para la reflexión, no hay duda de eso. Considero que no deberíamos subirnos al caballo de la heroicidad. Somos todos sufrientes de esta guerra, deberíamos serlo. Y ninguna persona podría sentirse orgullosa de matar a nadie, ni siquiera al que nos dicen es nuestro enemigo. No copiemos modelos. No festejemos la muerte de Osama. Somos diferentes.

Hay tres frases que se me ocurren podrían decirse luego de estar en Malvinas: “me trataron de boludo, tuve que cumplir la idea de un psicópata que jugaba al TEG con nosotros”, “soy un héroe de guerra y valió la pena matar ingleses”, o “me la tuve que creer para no enloquecer, para no morir en el campo de batalla, jugaron con mi vida y quiero que estén presos aquellos que cometieron el crimen de enviarme con Dios sin preguntase siquiera si creo en él”.

Me quedo con la última.

Respecto a la discusión que se origina en torno a la edad y su relación con la milicia, mi abuela diría culposa “eran pibes de 18 años” y un militar diría “eran soldados”. Ambos están en lo cierto, pero les agrego algo, “eran pibes de 18 que fueron soldados y que no tendrían que haber sido”.

La palabra de aliento para aquellos que combatieron y que resulta más acertada para mí es “disculpas” de parte del pueblo argentino. Por no defenderlos ante un manipulador psicópata y sus cómplices.

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.com

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Un muerto de locura…

A Rafaelle Dovenna[i].

 

Un muerto de locura.

Rafaelle, la pasión loca por tus locos.

Viejo loco de mar, cantabas tus dientes por las ciudades recónditas del mundo.

Llevando locos en tu espalda, utentes sin sentido, personas amables, labriegos incansables.

Pusiste todo “Patas Arriba”.

Tus ojotas franciscanas, para tener algo de recato,

te llevaron a andar fatigado luego de nocturnas esperas argentinas.

Un hombre que entendió la locura.

Un buen tipo.

Trieste, contigo en la sangre.

Argentina en tu corazón.

La razón de tu locura fue liberar a los locos

Hoy esta muerte amigo, te libera a vos.

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com


[i] Rafaelle Dovenna: Fue enfermero del Departamento de Salud Mental Triestino, fundador de la Polisportiva Fuoric´entro y responsable de la acogida de todos los psiquiatras, psicólogos, estudiantes y voluntarios que, desde todo el mundo, han acudido a  conocer este impostergable modelo.

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Cuando se fueron las voces

Cuando se fueron las voces, qué nos queda.

El silencio, podría ser una respuesta. No la más probable o la mayoritaria. Quizás nos quede un vacío. Y digo “un” en vez de “él” porque hay muchos tipos de vacíos y es algo que todavía no tiene definición concreta, es una forma de expresar una vivencia a la que el silencio tal como lo conocemos no nos remite. Y no por ser vacío es silencioso. Está lleno de preguntas: ¿Quiénes eran? ¿Por qué vinieron? ¿Qué querían? ¿Por qué se fueron ahora?, etc.

Cuando hablo de las voces, aclaro para el lector cándido o ignaro, son aquellas a las cuales solemos escuchar nosotros mismos, sin que el resto pueda dar razón fidedigna de su sonido.

Cuando se fueron las voces, yo diría, hay que aprender a escucharse a uno mismo. Es lo que hacemos los que no las hemos escuchado alguna vez con sonido. Considero que todos escuchamos permanentemente el sonido de nuestro propio pensamiento. Lo que sucede es que no suele ser tan ruidoso como para poder ser considerado ajeno. Y es con ello con lo que tenemos que convivir. Con nosotros mismos. Con los que estamos de acuerdo y con los que estamos en desacuerdo, pero dentro nuestro. De los dos tipos de pensamiento estamos llenos. De los que podemos tolerar y de los que no y tratamos de esquivar. Es probable que de estos últimos estén llenas las voces. De los pensamientos que no querríamos esquivar o no podemos porque determinado funcionamiento mental no nos lo permite.

Pero qué sucede cuando vivimos mucho tiempo acompañados por esos seres ajenos, que no queremos tener tan presentes. Los caminos son varios al principio, revelarse contra ellos, angustiarse y alejarse, encerrarse y desvincularse de lo que creemos nos hace mal o le podemos hacer mal, acostumbrarse, hacerse amigos, aceptarlos. Y pongo última la palabra aceptarlos, porque creo que puede ser el camino más saludable. Puede ser un descanso para el tormento. Lo cual no quiere decir que al aceptar su estadía con nosotros y nuestra vida, le aceptemos todo lo que nos dicen, eso sería una manipulación. Y es un lugar privilegiado para manipular a alguien, su mente, sus pensamientos.

Cuando se fueron las voces se corre con mucha ventaja, a pesar de la sensación de desconcierto. Es la oportunidad de hacer fuertes nuestros propios pensamientos, los pensamientos con los que estamos de acuerdo. Así, como cualquier persona.

Pero a las voces hay que callarlas de algún modo. Y Se presentan varias opciones para que ello ocurra.

Antes que todo, este es un intento para ayudar a acercarnos a la comprensión de este tipo de cosas que no acaba aquí ya que existen múltiples sutilezas y características diferentes de las cuales me encuentro aún lejos tan sólo con este escrito.

Es verdad, a veces las voces suelen irse solas; pero por lo general no. Y me dirijo aquí a estos últimos. Sabemos que su aparición genera, una sensación rara, de extrañeza, de contemplación permanente, a veces de duda. Nunca alguien espera que aparezcan voces que no estaban. Esto es importante, ¡Nunca somos culpables de las voces que nos vienen a molestar! ¡Nunca! Y aclaro esto porque las vueltas psicológicas que entretejemos para darle explicación a las cosas, nos pueden jugar muy en contra. Al principio solemos quedarnos solos esperando algo. Que se vayan, que me digan algo que me gustaría oír, que me acompañen de mejor manera, pero eso pasa excepcionalmente. Por lo general me parece que lo más sano es compartirlo con quien podemos confiar y más importante aún, pueda llegar a creernos. Entre ellos un profesional de la salud, neutral. Quedarse solos no es saludable.

A veces las voces no nos dejan contárselo a nadie. En ese caso, acudiremos al paso obligatorio que es contárselo a algún profesional de la salud, neutral y que no tenga influencia con ellas.

Por qué un profesional de la salud. Me remito a los inicios de este escrito cuando dije que había alguna relación con los pensamientos comunes de todas las personas. Las voces las escuchamos nosotros y sólo nosotros, por lo tanto deben hablar desde algún sitio dentro nuestro. Por la sonoridad y el mecanismo complejo de la producción de este sonido, tienen que ver con nuestra neurología, por acercarme de manera sensata. Y es por eso que la forma que tenemos los médicos de acceder a nuestro sistema nervioso es a través de los fármacos.

Es importante saber, que no se puede ver, ni escuchar, ni existe ningún método científicamente aprobado que nos muestre algo dentro de las personas que mejore nuestra capacidad para llegar más específicamente y minuciosamente donde se encuentra el problema. Pero sí existen fármacos para aplacar las voces. Y hasta ahora es el método de mayor fiabilidad y velocidad que se ha encontrado para disminuirlas.

Entonces; cuando se fueron las voces, nos queda recuperar el tiempo de vida social perdido. Reencontrarnos con los placeres de la vida cotidiana. La sensación es empezar de muy atrás. Duele darnos cuenta de algo que se perdió. Cuanto antes nos demos cuenta de nuestra necesidad de ayuda, más tiempo tendremos para recuperarnos. Cuanto más tiempo convivamos con nuestras voces ajenas, más tiempo perdemos de convivir con los otros que nos hacen bien.

Para recuperarse, por lo general también necesitamos un poco de ayuda. Aparecen los miedos, las inseguridades, encontrarnos con una edad diferente a nuestra capacidad de movernos socialmente y eso a veces genera vergüenza. Por eso necesitamos trabajar con ayuda de otras personas con buenos recursos mentales, para fortalecer nuestros pensamientos con quienes estamos de acuerdo y son propios.

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com

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Sensación de muerte inminente

Para muchos que lean esta declaración, puede resonarles exagerada y ominosa. Pero para otros que al leer inmediatamente les remite a un lugar, a una historia, a ese momento único y tan horroroso como me suelen decir, no tengo que aclararles casi nada. Pero como este es un sitio de reflexión sobre las cosas que padecemos los seres humanos voy a hablar sobre este titular.

La muerte, probablemente para la mayoría, aún nos remite a la vejez. Y está muy bien que eso suceda. Pero la expresión con las justas palabras “sensación de muerte inminente”, va más allá de un criterio dentro de un diagnóstico y nos acerca a una forma de desaparecer de este mundo que muchos aquellos que padecieron una crisis de pánico conocen.

Muchas veces, me he preguntado de qué se trata esa cercanía.

Considerando varios escritos de la literatura, experiencias personales y tras escuchar a la gente que me rodea, me he dado cuenta que existen varios estados físicomentales, acompañados de sensaciones muy intensas e internas, que nos acercan a la muerte previo a su llegada definitiva. Seguramente iré hablando de esos diferentes estados a lo largo del tiempo. Aquí me voy a asentar en la cercanía que genera la crisis de pánico pura.

Muchos de los que padecieron lo que los médicos llamamos una crisis o ataque de pánico, acuden a la consulta movidos por la premisa que nos titula. El tipo de muerte al que remite es a la muerte por causa cardíaca, por paro cardíaco. La fisiopatología podría demostrar racionalmente los motivos de esa descarga compleja de palpitaciones, opresión en el pecho, sudoración profusa, temblor, contracción y parestesias[i], entre otras. Si bien esa explicación suele ser necesaria, por lo general no alcanza para justificar tan terrible sensación.

Las cercanías con la muerte suelen tener un doble sentido de miedo profundo a la vez que de curiosidad. Pido disculpas si alguien pueda verse afectado por mis palabras. Son palabras. Esa curiosidad inclusive puede estar marcada de cierto orgullo de haber estado tan cerca y no haber caído. Creo que es mucho más marcada cuando detrás de la crisis de pánico existe un decaimiento anímico que acompaña. Pero puedo aseverar con las disculpas pertinentes, que la muerte a la que acerca el ataque de pánico es la menos peligrosa, o bien al menos no tan cercana como parece teniendo en cuenta la escala de cercanías posibles a las que las distorsiones mentales pueden llevar. Y si gracias a las investigaciones realizadas, existe algo que los médicos psiquiatras podemos mejorar, son los ataques de pánico.

Esto puede ser un aliciente o no. Lo cierto es que la muerte en su más estricto sentido de la palabra, sólo puede rozarse, alcanzarse, acariciarse con la punta de los dedos para poder apreciarla de alguna manera, porque de otro modo no estaríamos para contarla. Quizás de allí devenga otro alivio.

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com


[i] Sensación extraña y desagradable de hormigueo, picazón, cambio térmico, pinchazos, adormecimiento, vibraciones, etc. localizadas principalmente en extremidades.

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Trastorno Bi polar

La terminología conflictiva en que ahondan los manuales y los tratados, generan considerablemente dificultades a la hora de explicarles a los pacientes, de que se tratan todas esas sensaciones desconocidas en su cuerpo y en su mente.

Este es el caso del TBP Trastorno bipolar, el cual etimológicamente parecería fácil reconocer que nos dirige hacia dos polos.

Las bases fisiológicas del estado de ánimo en que transcurrimos son particulares en cada uno de nosotros, por ende nos diferenciamos del otro desde las bases, desde el comienzo. Y no sólo por ello, sino también por las diferencias en el ambiente en que crecemos. Es así que un análisis simple dista de poder explicar nuestro verdadero pool anímico. Entonces: ¿Qué es lo que analizamos los médicos especializados frente a una persona con dicho diagnóstico? ¿Existe en el acerbo de criterios algo tan estrecho como para poder diferenciar tantas variables como personas tiene el mundo?

Al paciente le pedimos información sobre sus sentimientos, afectos, vida, etc. Y se evalúa un posible “diagnóstico”.

Las estadísticas y los estudios científicos nos permiten conocer patrones anímicos patológicos. Nos sirve para saber qué medicamos y cómo hacerlo.

Pero ¿Qué sucede cuando el paciente logra estabilidad anímica o mejor dicho la eutimia?

Aquí surge el interrogante principal que quiero plantear. Cuando la estabilidad fue siempre ser inestable y el que «debo ser» lo es ahora, ¿Quién fui durante toda mi vida?

Transformar la vida, mejorar la existencia, es lo que intentamos los profesionales de la salud mental. Pero parece que el buen accionar también puede presentar “efectos colaterales”.

En principio me surge una reflexión a tal efecto. Y quiero hablar de la importancia del afecto en nuestro estar, como personas. Y hablo del afecto en todas sus dimensiones, variables y niveles.

Háganse la pregunta a sí mismos de quienes son. Hágansela ahora para continuar el pensamiento conmigo. ¿Quién soy?  ¿Qué hago de mi vida? ¿Qué quiero para mi vida?

Sus respuestas por más diferentes que hayan sido, llevan consigo un afecto característico. Afecto como expresión del contenido de lo pensado.

Comprendo que el afecto es el eje del circuito vital y por ende todos nuestros actos y decisiones estarán tonificadas por él. Por lo tanto, cuando nuestro afecto se encuentre fuera de los límites tolerados por nosotros o la sociedad nuestra vida pasa a ser de otro, siempre y cuando no pueda ser modificado por la voluntad. Es decir que los actos que se pensaron, actuaron, y generaron modificaciones tanto en nosotros como en los otros, sí les ha sucedido a una persona, pero no la que sería si esos afectos se encontraran dentro de los parámetros tolerados. A estar allí es donde intentamos llevar a las personas, visto claramente en aquellas con TBP.

Cabe aclarar que aspectos de personalidad, recursos psíquicos y la red de contención externa tienen que ver en los controles del afecto. Por lo tanto la medida de los límites es variable.

Recomiendo, escuchar a varias personas cuyos parámetros anímicos impresionan más estables que el de

Qué hacer entonces. Corresponde creo a la comunidad médica especializada y los profesionales de la salud mental acompañar la continuidad de esa vida nueva pocas veces o nunca antes vivenciada. Aprender a vivir en este nuevo estado, sin ese automatismo biológico me lleva hacia la tristeza profunda o la hiperactividad desenfrenada.

Probablemente, el objetivo de “estabilizar” sea reiterado en varios tipos de trastornos. Pero en el TBP lo observamos y escuchamos de una forma bastante abrupta cuando la cosa funciona. El paciente lo vivencia.

Dr. Nicolás Salgado.

Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.com

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