Cómo recordar, lo que estoy olvidando… (Continuación)

Me atrevo a decir que la tendencia es hacer un duelo frente a nuestros seres queridos presentes. Creo que es necesario y beneficioso hacer un duelo frente a estas vicisitudes de la naturaleza. Un duelo implica pérdida y es un tránsito hacia otro estado de nosotros mismos. Cada muestra de una función psíquica no perdida, puede ser un buen recuerdo específico de aquella persona que presenta esta patología. Es un doble proceso, de pérdida y aprovechamiento de quien queremos tanto.

Vale aclarar que estoy hablando exclusivamente de Alzheimer y no de otro tipo de demencia que implicaría otras características en todo sentido.

Cuando una familia acude a la consulta acompañando al paciente, la sensación por lo general es de desconcierto y está en nosotros, los profesionales, el trabajo de encauzar las dudas y angustias que traen. En algunas ocasiones no alcanza una sola entrevista para comprender la complejidad de lo que genera esta patología. La variable tiempo es importante en los familiares para que se asienten muchas sensaciones aparecidas. Una consulta sin el paciente puede resultar beneficiosa, inclusive para enseñarles aspectos del cuidado del paciente y prestarles la escucha profesional para la toma de decisiones.

Los síntomas psiquiátricos, psicóticos principalmente, desconciertan aún más a la familia, les son muy extraños. Suelen ser de frecuente aparición en momentos avanzados de la enfermedad. En mi opinión, la ocurrencia de cada uno de ellos debe ser atendida deferencialmente aunque nosotros sepamos que forman parte de una misma dimensión.

Los falsos reconocimientos, la percepción paranoide, diversos delirios, las ilusiones, alucinaciones, desorientación temporoespacial, alteraciones de la conducta, son los síntomas que se me ocurren provocan más preocupación. Cada uno de ellos merecería un escrito. Aquí sólo los incorporo haciéndoles alusión por ser una fuente de tensión en la familia.

La familia con buenas intenciones debe intentar no llegar al agotamiento. Lo digo en el sentido de, si es posible, rotar los esfuerzos dirigidos hacia el paciente para dar respiro a cada integrante. Siempre y cuando la decisión sea el cuidado en el ámbito familiar. Es un tema de alta complejidad debido a las muchas variables no del todo generalizables y que tienen características particulares como tantos integrantes acompañen el proceso de una persona que presenta Alzheimer.

En fin. Intento imaginar no recordar y me aparece un agujero en mi capacidad imaginativa que se asemeja a la imaginación de mi propia muerte, sabiendo que desde un punto de vista concreto no me enteraré nunca de cómo fue esa sensación.

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com

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Cómo recordar, lo que estoy olvidando…

La memoria. Un grabador, selectivamente dedicado y perfecto, maravillosamente incorporado a nosotros.

El placer de poder recordar. El dolor de ir olvidando todo, de a poco, sin poder asir los recuerdos que se nos deslizan como si nunca los hubiésemos tenido.

La memoria, el Alzheimer. Apellido que no le hubiese puesto nunca a un descubrimiento que denota la muerte lenta de nuestra función social.

Podría ser el antónimo de lo que Borges nombraba con Funes el memorioso. Pero yo no le pondré el nombre.

El dolor de tentarse a decir lo que queríamos decir y se nos escapa. La esperanza de querer morder el recuerdo.

Existen muchos estadíos de la enfermedad, pero quiero hablar del momento en que uno se da cuenta que vive sólo el momento.

Existe esa frase trillada, que la plantean como filosofía de vida que dice “viví el presente como si fuera el último momento” o “no vivas en el pasado, viví el aquí y ahora”, etc. Creo que esta enfermedad te lleva a esa circunstancia en lo real, lo cruel, lo neurológicamente permitido. Y me lleva a reflexionar en ese momento en que la enfermedad no nos permite ser más hacia adelante. No podemos incorporar nuevos recuerdos, somos el presente y nuestro pasado lejano, somos lo que fuimos y no podremos ser nuevamente nada porque no podremos construir una nueva realidad. Realmente quedamos anclados al pasado que ya no queremos. Es un pasado estático, sin compromisos con lo que viene. No cambia. Es una historia ya contada y que volveremos a contar de igual forma, porque no puede modificarse más. Ante esas instancias somos el pasado que fuimos. Y eso debe de ser muy doloroso, si bien no es lo que primordialmente dicen o quejan los pacientes.

Podemos además hablar del afecto ligado a los recuerdos. Y en este tipo de patología el afecto se torna opaco, con tendencia a la apatía y con un fondo por lo general molesto, triste. Las características negativas de la personalidad se suelen acentuar bastante. Por lo que algunos familiares dicen jocosamente, «se volvió más hincha pelotas que de costumbre y encima no se acuerda o no se da cuenta».

Esta evolución del afecto cambia los parámetros con que el paciente mide el padecimiento. De alguna manera podría decirse que si no hay afecto, no hay tristeza, por lo tanto no habría sufrimiento. No está mal pensarlo de esta manera para aquellos que deben acompañar a las personas que presentan esta patología. Es algo muy difícil de discernir, de asimilar.

Existen varios tipos de dolores en los familiares. Este es uno de ellos. Y es así, con el tiempo suelen perder el afecto. ¿Pero mientras tanto qué?

Continuaré este escrito la próxima semana…

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com

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La ansiedad de que algo suceda

En este caso hablo de la ansiedad, como la inquietud ante la cercanía de algo esperado hace mucho tiempo. Lo esperado hace mucho impresiona ser el hecho en sí, lo que está por suceder. Pero no lo es. Lo esperado hace mucho tiene alguna representación en el hecho que está por acontecer.

Ante la espera prolongada de algo, pueden ocurrir dos circunstancias. Acrecentar la ansiedad o relajarnos y decir «ya lo espero hace tanto que me he cansado, por lo cual no estoy nada ansioso». Creo que en este segundo caso algo se resuelve de la original espera.

Por ejemplo, cuando estamos esperando ansiosos por una cita, uno se pregunta ¿por qué me pongo nervioso? Las famosas mariposas en la panza. Pero el acuerdo de la cita pudo haber surgido hace poco o hace mucho, lo importante no es la cita, sino lo que representa eso o ese alguien para nosotros.

Los exámenes por ejemplo, son un factor bastante generalizado de nerviosismo previo a ellos. No tiene sólo relación con lo que uno estudió o dejó de estudiar. Es el miedo a enfrentar algo que logramos alcanzar presentándonos a esa circunstancia. A veces va bien y en general eso es bueno, a veces va mal y no siempre es malo que vaya mal. De esto se trata, de alcanzar algo. Algo cambia, se asienta, queda diferente en nosotros al concretar nuestras ansias.

No por nada muchos de los que no se animan a llevar a cabo algo debido a sus nervios, se han dejado llevar por el miedo. Es vivido como una batalla interna entre lo que queremos y lo que tememos.

Cuando se enfrenta algo que queremos y nos genera mucho nerviosismo, si se lo pasa airosamente se gana algo. La sensación es de ganador, se infla un poco el pecho y decimos ¡Ah, que bien me fue! no solamente en lo que pasó a la vista del resto, sino que se pasó un obstáculo personal. Si bien muchas veces se pasa siempre por el mismo obstáculo.

Aquí planteo sólo un nivel y un tipo de ansiedad. Si se me permite, una especificidad de la ansiedad. Aclaro que los motivos son personales. Especificísimos!!!

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com

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Difusión especial y amigos.

IV CONGRESO INTERNACIONAL DE TERAPIA MULTIFAMILIAR

15,16 y 17 de Noviembre de 2012, Málaga
“Abordaje, vivencias y reflexiones en la atención al paciente mental”
Homenaje al profesor:
Jorge García Badaracco
Presentación
La Psicoterapia Multifamiliar es la consecuencia lógica de la evolución de la Psiquiatría y de las diferentes corrientes Psicológicas, que partiendo del individuo como centro de la enfermedad y de la curación, llegan a una concepción más amplia que incluye lo relacional y lo social.
Desde la década del 40, en E.E.U.U., comienzan a agruparse familias con fines terapéuticos. A partir de allí, se realizan variadas experiencias en distintos países. En Argentina, a comienzos de los años 60, Jorge García Badaracco desarrolla y profundiza este recurso terapéutico. Primero, en el Hospital Neuropsiquiátrico de la Ciudad de Buenos Aires, trabajando con pacientes crónicos, luego en una institución privada que funcionaba como Comunidad Terapéutica Psicoanalítica de Estructura Multifamiliar en donde investiga y profundiza sobre la patología mental severa y sus relaciones.
En los últimos 15 años, trabaja en diferentes contextos institucionales (hospitales, escuelas, clubes, etc.), jerarquizando los aspectos preventivos de la salud mental. Además, difundió su trabajo en grupos multifamiliares por diferentes países de América (Uruguay, Chile y Brasil). En nuestro continente comenzó el desarrollo de Grupos de Psicoanálisis Multifamiliar en 1984 en Getxo (Bizkaia), posteriormente en Ginebra (1993), del año 2000 en adelante en Roma, Madrid y Elche, y en la actualidad en Málaga, Cádiz y Barcelona.
El motivo de estas Jornadas es reunir a los profesionales que trabajan en este campo y los que estén interesados, para intercambiar experiencias y avanzar en los conocimientos teóricos, que permitan la difusión de este recurso que viene demostrando su eficacia terapéutica y preventiva.
La Sanidad pública y privada deberá soportar en los años próximos, un aumento de la demanda psiquiátrica y en consecuencia tendrán que cubrir las necesidades que los pacientes y sus familias requieran.

Es por ello, que estas Jornadas de Grupo Multifamiliar resultan de máximo Interés Científico Sanitario.

Sede 
Campus Universitario Teatinos
Organización Técnica del Congreso
Mail:grupologosmalaga@yahoo.es
Nº cuenta 1033010130030009331
Inscripciones
Inscripción de Honor   400 euros
Psiquiatras   100 euros
MIR, PIR, Due, Psicólogo   50 euros
Y T Social
Jesús Salomón Martínez
Presidente Comité Organizador
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¿Dónde nos vamos cuando dormimos?

Probablemente la mayoría de nosotros, ha incorporado como parte de su vida el hecho magnífico de dormir, todos los días, durante toda la vida. Poco se habla de la realidad del dormir o su veracidad. Poco sabemos de ese instante donde nos vamos del mundo.

¿Dónde nos vamos cuando dormimos?

Parafraseando poetas y largos vividores, podría ser un pequeño encuentro con la muerte. Pero sabemos que dormir está más del lado de la vida que de la muerte, a pesar de entrar en una especie de coma buscado. Pero ir, nos vamos a algún lado. Porque estar, se está en cuerpo y mente; y no me van a decir que estamos en la cama o en el lugar donde nos quedamos dormidos y nos despertamos. No, ahí no estamos, definitivamente.

Yo cuando era niño, le decía a mi madre, que me iba a soñar un rato y me ponía a dormir la siesta. A veces incluso, pensaba en la temática con la que quería soñar, y lo soñaba. Los sueños los vivimos con toda la intensidad de la vida, pero con un cuerpo imaginario (en el mejor de los casos).

Pero no siempre nos acordamos que/é soñamos. La mayoría de las veces no. Al despertarnos desconcertados y remolones, sabemos que no estuvimos por un rato donde nos despertamos y toda las imágenes de la vida vuelven a acomodarse en un santiamén.

¿Dónde me fui?

Estamos porque somos “conscientes” de que estamos, y el cuerpo nos acompaña donde queremos estar.

Existen varias teorías que intentan explicar por qué dormimos. Una de ellas es que en ese tiempo recuperamos sustancias que perdemos durante la vigilia. Entonces descansar no alcanzaría para recuperarlas, porque habría que apagar el interruptor de la vigilia para que no se sigan gastando.

Los sueños necesitan de la vigilia para existir con las imágenes que nos traen. Un feto no soñaría imágenes, porque no las tuvo todavía, lo cual no implica que no duerma o no sueñe (si bien esto último no lo podemos corroborar) sonidos, tactos, sensaciones placenteras o displacenteras,

Dormir, nos permite viajar realmente a otro mundo. Y es bueno que ese mundo se nos torne amigable o placentero. Cuando tenemos miedo del mundo al que nos lleva el dormir entramos en problemas. Y a veces no queremos salir de uno malo, para entrar en otro peor.

Y contestando a la pregunta que encabeza el escrito “¿Dónde nos vamos cuando dormimos?” creo que nos vamos hacia nuestro interior. El cual a veces queda cerca, a veces lejos. A veces somos monstruos, a veces ninfas o héroes, y estamos llenos de realidad y de vida transformada de una forma mágica por nuestra neurobiología.

Sigmund Freud, puso nombre y desglosó formidablemente los sueños. Logró alcanzar su significado de adelante hacia atrás, de las palabras hacia nuestra mente, porque en realidad las palabras son parte de nuestra mente.

Dormir con nosotros, permitirnos observar cómo nuestra vida marca pasos aparentemente hacia ningún lado, pero los sigue marcando.

Si me permiten elegir, me gusta soñar con algo que no me dé cuenta que tiene que ver conmigo dentro del sueño. Y además me gusta disfrutar del gozoso laberinto por el que soy llevado cuando cierro los ojos, descendiendo etapas como escalones gigantes que traspaso lentamente hasta llegar a un escenario desconocido, yéndome hacia mi mismo.

Dr. Nicolás Salgado. Médico Especialista en Psiquiatría. Argentino. http://www.ansiedadesclinicas.wordpress.com

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